¿En qué consiste realmente la depresión?

Es muy habitual el uso de la palabra “depresión” cuando tenemos un mal día, nos encontramos bajos de ánimo o incluso cuando estamos cansados, pero ¿Sabemos realmente lo que es la depresión?


La depresión es un serio trastorno emocional que afecta al menos al 10% de las personas y que implica cambios importantes en la manera de pensar, sentir o actuar. Es como si viésemos la vida a través de unos cristales oscuros que tiñen la realidad de pesimismo, reduciéndose nuestra autoestima y llevándonos a creer que el mundo es un lugar hostil en el que los demás no nos tienen aprecio alguno o que nos rechazan y en el que el futuro se ve como un callejón sin salida, sin esperanza.


Algunos síntomas que alertan de la presencia de depresión pueden ser: alteración del apetito, insomnio, bajo estado de ánimo general, o incapacidad para disfrutar de cosas con las que antes sí lo hacíamos.


¿Por que surge la depresión?

La depresión suele aparecer tras la ocurrencia de ciertos cambios en la vida de las personas que éstas perciben como “desagradables”, siendo ejemplos de este tipo de sucesos la pérdida o enfermedad de algún ser querido, problemas en el trabajo, problemas económicos, cambios de domicilio, etc. Así, tras estos sucesos, la persona pasaría por un periodo normal de tristeza que, si no se afronta adecuadamente, llevará a sentir los cambios emocionales, de pensamiento y comportamentales descritos anteriormente. Todo esto lleva al cerebro a alterar su funcionamiento químico consiguiendo que la depresión se asiente.

     No obstante, más tarde o más temprano, todos pasamos por algunas de las situaciones expuestas, entonces:


¿Por qué unos desarrollan depresión y otros no?

     La respuesta a esta cuestión está relacionada con el concepto de “vulnerabilidad”, que puede desglosarse en varios componentes:

  1. El estilo de vida: Las personas que realizan más actividades agradables y más diversas están menos predispuestas a la depresión. Una persona que disfruta de los amigos, del trabajo, del cine, de la lectura, del deporte, de la familia, etc. Será más resistente a la depresión que otra que por ejemplo solo disfrute de la familia y el trabajo, pues tiene más áreas y elementos en los que fijar su bienestar si falla alguno.

  2. Además, de manera general, las personas que cuentan con vidas más llenas suelen tener una actitud más positiva y optimista.

  3. El estilo cognitivo: Se refiere a la forma de pensar. Así, a lo largo de nuestra educación, desde la infancia, vamos aprendiendo una serie de creencias con las que organizamos nuestra vida. Si el contenido de esas creencias es inadecuado, favorecerá la aparición de depresión tras situaciones de pérdida. Algunas de las creencias que más nos empujan hacia la depresión son:

  • La creencia de que uno mismo no es lo suficiente valioso o que está por debajo de los demás.

  • La filosofía de la culpa, que consiste en creer que si uno se equivoca debe recibir un castigo severo. Tras un error es saludable sentirse perturbado, pues nos lleva a aprender, pero la culpa implica que, a partir de un error, nos desvalorizamos completamente como seres humanos.

  • La creencia de que el mundo debería ser un lugar maravilloso en el que vivir: Las personas que consideran que el mundo debería ser un lugar donde no hubiera contratiempos o problemas están condenados a deprimirse cuando, inevitablemente, se encuentren con éstos.

  1. Deficiencias en el área social: Las habilidades sociales son un conjunto de conductas que necesitamos para relacionarnos eficazmente con los demás. Algunas de estas habilidades son: iniciar conversaciones, saber hacer peticiones o recibir una crítica, etc. Son habilidades que se aprenden desde que somos pequeños y un mal aprendizaje puede llevarnos a tener problemas y conflictos sociales que nos hacen vulnerables a la depresión.

  2. Habilidad para resolver problemas: Las pérdidas y los problemas son cambios que las personas debemos afrontar y resolver. Si una persona no tiene un procedimiento específico para evaluar el problema, buscar alternativas y tomar la decisión más adecuada para sus circunstancias, acabará provocándose alteraciones psicológicas que podrían culminar en una depresión.

¿Por qué seguimos deprimidos?

Resumiendo, una persona puede llegar a deprimirse después de sufrir pérdidas o problemas, aumentando el riesgo a medida que posea o no más variables de vulnerabilidad, pero, cómo se explica que a pesar de pasarlo tan mal, sigamos deprimidos. El proceso que se sigue puede definirse por los siguientes componentes que forman un proceso que podíamos llamar “círculo vicioso de la depresión”:

  1. Pérdida de reforzadores. Sufrimiento de una pérdida que se percibe como crítica en la vida.

  2. Dolor emocional que se produce por la pérdida y que se transforma en pensamientos negativos y sensaciones emocionales y físicas desagradables como apatía, ganas de llorar, insomnio, etc.

  3. Como consecuencia de esa forma de sentirse, es lógico que se empiece a dejar de hacer cosas que resultan agradables, como salir con los amigos, hacer deporte, etc.

  4. El dejar de hacer las actividades placenteras supone una nueva pérdida para la persona, lo que provoca a su vez más dolor emocional, pensamientos negativos y sensaciones físicas desagradables.

  5. Si el círculo no se corta en algún punto, el malestar sufrido por las circunstancias comentadas llevará a no poder afrontar las actividades obligatorias como son el trabajo, las tareas domésticas, las obligaciones familiares o la higiene personal.