Consejos para afrontar las preocupaciones de forma más eficaz.

Actualizado: 27 oct 2020

Vivimos en un mundo en el que desde que somos muy pequeños se elogia las actitudes que reflejan preocupación porque lo asociamos a un comportamiento responsable, pero este comportamiento puede llegar a convertirse en un problema en determinadas circunstancias si  llega al punto de interferir con nuestro bienestar o impedirnos disfrutar de las actividades o los placeres del

día a día. Pudiendo derivar en problemas de ansiedad o de estrés crónico.

En esta entrada, trato de dejar algunas estrategias para intentar combatir las preocupaciones que son excesivas. Eso sí, el secreto más importante es tener la voluntad de llevarlas a cabo regularmente.


¿Por qué nos preocupamos?

La preocupación es una reacción automática que se da para resolver nuestros problemas. Es por ello, que es un comportamiento normal y adaptativo si cumple su función y sirve para ayudarnos a actuar frente a alguna situación. Por ejemplo, preocuparte porque te puedan cortan la luz puede llevarte a hacer el pago de la factura a tiempo.


¿Cuando se vuelven problemáticas?

Las preocupaciones pueden considerarse problemáticas cuando no cumplen con su objetivo y nos angustiamos por sucesos que tienen pocas opciones de ocurrir, son incontrolables, o simplemente no tienen importancia suficiente como para que le demos el privilegio de interferir en nuestras vidas. Por ello, un primer paso para saber delimitar qué problema es digno y cual no de nuestro tiempo, sería hacerse las siguientes preguntas:

  1. ¿Qué probabilidad real hay de que esto ocurra?

  2. ¿Puedo yo hacer algo para solucionar el problema o prevenirlo?

  3. ¿En una escala de malas experiencias, dónde estaría situado aquello que me preocupa?

 ¿Cómo puedo hacer frente a las preocupaciones persistentes?

Responder a las preguntas anteriores puede ayudarte a reducir la tensión que vienen asociadas a las preocupaciones, sin embargo, para aquellas  que son resistentes podemos realizar algunas estrategias que nos ayuden a eliminarlas, como pueden ser:


Atajar las preocupaciones lo antes posible:

Las preocupaciones son más sencillas de manejar si se trabaja sobre ellas desde su inicio dado que posteriormente desencadena una serie de pensamientos y conductas que van haciéndola más compleja, y por lo tanto, más resistente.

Toma nota de lo que te angustia y mantén una postura crítica (¿Realmente es verdad que puede suceder aquello que temo? ¿Puedo yo hacer algo al respecto?). En este punto puede ser de gran ayuda practicar algún ejercicio de relajación que ayude a regularte fisiológica y emocionalmente.


Analiza tus preocupaciones:

  1. Describe con claridad cada una de las preocupaciones que ronden tu cabeza y escríbelas.

  2. Piensa si puedes hacer algo al respecto. Puede ser de ayuda responder a las preguntas expuestas más arriba.

  3. Detalla en una lista las cosas que podrías hacer para resolver cada una de las preocupaciones que tengas anotadas.

  • ¿Hay algo que puedas hacer ahora? Hazlo.

  • Si no hay nada que puedas hacer ahora mismo, elabora un plan especificando cuándo, dónde y cómo afrontar el problema.

Distráete:

Las personas tenemos una capacidad de prestar atención a las cosas que es limitada, por lo que mantenerse ocupado en actividades agradables que ocupen nuestra mente, puede ser un gran recurso para romper la cadena de preocupaciones. Algunos ejemplos de actividades pueden ser:

  • Ejercicio físico, que además de mantener ocupada nuestra mente nos ayudará a mejorar nuestro estado de ánimo. Las endorfinas que libera nuestro cuerpo durante el mismo son nuestras mejores aliadas.

  • Juegos mentales: Hacer rompecabezas, crucigramas, escuchar música o hacer juegos de palabras con las matrículas de los coches que ves pasar, el límite lo pone tu imaginación.

Planificar la “Hora de preocuparse”.

Las preocupaciones nos inundan en cualquier momento, cuando nuestra atención debe estar fijadas en otras tareas importantes. Para evitar que afecte a nuestro rendimiento en el trabajo o en cualquier otra tarea es importante fijar todos los días con antelación una hora de la preocupación, en la que dedicar 30 minutos a sentarnos con papel y lápiz a afrontar las preocupaciones que hayan ido surgiendo durante el día y a buscarles solución.

Resulta indispensable tener voluntad de aplazar los pensamientos que te abordan con la tranquilidad que te da el saber que vas a ocuparte de ellos a la hora fijada.

Además, esta estrategia puede ser muy beneficiosa para irnos a la cama más tranquilos, evitando que las preocupaciones nos aborden a la hora de dormir y reduciendo la posibilidad de sufrir insomnio.


Comparte tus preocupaciones.

Buscar a alguien de confianza con quien compartir nuestras inquietudes resulta muy efectivo, alivia y puede ser de gran ayuda a la hora de reinterpretar los problemas o buscar soluciones a los mismos al contar con nuevos puntos de vista. Cierro la entrada con una frase que leí en algún  lugar y me hizo reflexionar, y es que “Si puedes solucionarlo ¿Para qué preocuparse? Y si no tiene solución, ¿Para qué preocuparse?”

Para cualquier cuestión no dudes en dejar un mensaje.