La clave para parar los ataques de ansiedad: Nuestra mente.

Los ataque de ansiedad o de pánico son experiencias muy desagradables que pueden llegarse a vivir con un intenso malestar a causa de que, muchos de sus componentes pueden confundirse con problemas médicos graves, como los infartos, el miedo a ahogarse, sufrir un desmayo o incluso "volverse loco".


Algunas de las temidas sensaciones físicas que sentimos durante un ataque de pánico (en adelante AP) son: Mareos, aceleración del ritmo cardíaco, sensación de ahogo, hormigueo en las extremidades, temblores, tensión muscular, sudoración, sofoco, etc.


Uno de los elementos más importantes y característicos es que este tipo de sensaciones suelen aparecer de forma inesperada, lo que acaba haciendo que la persona empiece a estar vigilante y sentir preocupación por la posible ocurrencia del ataque en cualquier momento, lo que acaba derivando en muchas ocasiones en un temor a estar en situaciones en las que puede percibirse como difícil el recibir ayuda en caso de necesitarla, siendo este último temor el que realmente más puede interferir en la vida de la persona que sufre este tipo de problemas pues le lleva a evitar un gran número de lugares o situaciones, llegando a causar auténticos problemas laborales, sociales y anímicos.


¿Dónde está el botón que activa el pánico?

El "botón" que activa el AP está como no puede ser de otra manera en nuestra mente, son nuestros pensamientos los que hacen una interpretación catastrofista, después de que notemos una primera sensación interna como puede ser una ligera aceleración del ritmo cardíaco (algo normal en el transcurso del día), los que nos llevan a preocuparnos de forma exagerada sobre este hecho, y dicha preocupación o esa interpretación catastrofista es la que activa el mecanismo de alarma en nuestro cerebro, cuya respuesta es la de preparar el cuerpo para responder, siendo la respuesta de éste la que provoca todas las desagradables sensaciones propias del temido AP.

La realidad es que, aunque estas sensaciones físicas son muy desagradables el riesgo real de sufrir una de las temidas consecuencias es prácticamente nula, todas estas reacciones se deben a que nuestra mente, por algún motivo interpreta que estamos en una situación de peligro, y reacciona activando el organismo para prepararlo para huir o luchar. El problema surge porque dicho mecanismo se ha activado en una situación errónea.


Pongamos un ejemplo:

Si viviésemos en la sabana africana y un león corriese detrás nuestras, nuestros músculos se calentarían rápidamente para poder rendir al máximo en nuestra huida (acaloramiento), además de ello, los músculos del tronco se tensarían para proteger los órganos vitales que hay en su interior como el corazón o los pulmones (tensión muscular), además comenzaríamos a hiperventilar con el objetivo de mandar más oxígeno a los músculos y órganos, puesto que éstos necesitan de oxígeno para funcionar. Dicha hiperventilación colabora a que aparezca la sensación de dificultad para respirar. Además la sangre se concentraría en los órganos más importantes que se encuentran como hemos dicho anteriormente en el tronco, lo que tiene como consecuencia la posible sensación de hormigueo en las extremidades y de mareo, pues el cerebro y las manos, por ejemplo, dispondrían de menos sangre de la que habitualmente disponen.


¿Es esto un problema crónico que sufriré siempre o tiene solución?

Los ataque de pánico son muy frecuentes, y me atrevería incluso a decir que la mayoría de las personas sufre al menos uno a lo largo de su vida. Es un problema que, mediante terapia psicológica tiene solución y, además, los cambios en la calidad de vida de la persona que los padece son muy importantes, pues como vimos antes, las repercusiones en la vida de las personas pueden llegar a ser grandes.

El problema de no acudir en busca de ayuda psicológica es que, paradójicamente, todo aquello que las personas que sufren los AP para evitar que éstos sigan apareciendo suele ser uno de los factores que los mantienen en el tiempo y que agravan el problema, pues la evitación y los comportamientos de seguridad como no salir sólo o evitar algunas circunstancias impiden que nuestra mente rompa la asociación que se crea en nuestro cerebro entre el temor y la ansiedad.

El tratamiento mediante fármacos no es un tratamiento efectivo a la hora de superar el trastorno, pues este tipo de tratamiento, aunque a veces es necesario para poder afrontar la terapia con mayor tranquilidad y mejores condiciones, solo ataca a los síntomas físicos, pero no trabaja sobre el problema o el "botón del pánico", que se encuentra como hemos visto en las interpretaciones y los significados que le damos a determinadas situaciones o sensaciones internas.

Además de ello, los fármacos recetados para este tipo de trastornos son las benzodiacepinas, que son sustancias altamente adictivas que además generan tolerancia, por lo que cada vez se requerirán dosis mayores del mismo para generar el mismo efecto, y tienen un uso recomendado de pocos meses.


Conclusiones:

Los ataques de pánico son un problema frecuente, que causan un gran malestar psicológico, emocional y físico, y que además pueden llegar a interferir de forma grave en la vida de quien los padece.

La buena noticia es que, con ayuda de profesionales, es algo que tiene solución sin necesidad de recurrir a los fármacos, que tienen un gran número de efectos secundarios y que además de ello son altamente adictivos, no recomendándose su uso durante más de 3 o 4 meses.


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Alejandro Marín Psicología

Nº Colegiado AO10407

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